viernes 27 de junio de 2008
¡Ya han llegado los ladrillos!
La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces
Jean Jacques Rousseau (1712-1778) Filósofo francés
Quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea
Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense
Bueno gente, pues la construcción de la mansión del Moñino ha dado un nuevo paso hacia delante y es que al pasarme por la obra he podido ver que los ladrillos ya han llegado y que algunos de ellos han empezado a ser colocados. Esto quiere decir que la estructura en sí ya está finalizada (o casi) y que ahora empieza una nueva fase en la constrcción. Pronto empezarán a levantarse paredes, y a verse ventanas y a ubicar perfectamente la que será mi casa. Mi casica:



¡Ya queda menos!
Jean Jacques Rousseau (1712-1778) Filósofo francés
Quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea
Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense
Bueno gente, pues la construcción de la mansión del Moñino ha dado un nuevo paso hacia delante y es que al pasarme por la obra he podido ver que los ladrillos ya han llegado y que algunos de ellos han empezado a ser colocados. Esto quiere decir que la estructura en sí ya está finalizada (o casi) y que ahora empieza una nueva fase en la constrcción. Pronto empezarán a levantarse paredes, y a verse ventanas y a ubicar perfectamente la que será mi casa. Mi casica:



¡Ya queda menos!
Etiquetas: Mi mundo
miércoles 25 de junio de 2008
Arreón, arreones
Ha aparecido en el lenguaje particular de los periodistas deportivos la palabra arreón que realmente no significa nada porque no aperece en el diccionario de la RAE y por tanto podemos decir que no existe en nuestro idioma. La intención de los locutores (suele ser una palabra más utilizada en radio y televisión) normalmente es la de reflejar que un equipo está atacando en oleadas y no con cierta regularidad:
"El arreón de Alemania está siendo muy fuerte"
"El equipo visitante intenta aguantar los arreones de su rival"
Encuentro el posible origen de este malentendido en el verbo arrear. He aquí lo que nos cuenta la RAE sobre dicho verbo:
arrear1.
(De arre).
1. tr. Estimular a las bestias para que echen a andar, o para que sigan caminando, o para que aviven el paso.
2. tr. Dar prisa, estimular. U. t. c. intr.
3. intr. Ir, caminar de prisa.
4. intr. Llevarse de manera violenta algo, o, a veces, hurtarlo o robarlo. Arrearon CON todo lo que había en su casa
5. intr. ant. Ejercer el oficio de arriero.
arrea.
1. interj. coloq. U. para meter prisa.
2. interj. coloq. atiza.
3. interj. coloq. U. para denotar vivamente pasmo o asombro.
arrear2.
(Del lat. vulg. *arredare, proveer, der. del gót. *rēths, consejo, previsión, provisión; cf. al. Rat, consejo, y a. al. ant. rat, provisión).
1. tr. Poner arreos, adornar, hermosear, engalanar.
arrear3.
(De arreo2).
1. tr. Dar seguidos tiros, golpes, etc.
2. tr. Pegar o dar un golpe o un tiro.
Hay varios significados que podemos aplicar fácilmente a lo que un locutor puede necesitar cuando quiere decir que un equipo está "atacando a arreones". En mi caso creo que incluso he llegado a utilizar dicha palabra pero esta noche me ha dado por investigar, más que nada porque me suena fatal y sinceramente no me ha sorprendido su ausencia en el diccionario.
Por tanto, parece que lo más correcto sería recurrir a palabras que sí que aparecen en nuestro diccionario y que reúne a todas las academias de la lengua española. Además de ser fonéticamente más bellas tienen una ventaja evidente. Son correctas:
embestida, oleada, arremetida, acometida, carga...
Un saludo.
ACTUALIZACIÓN
Repasando mis notas, he visto que pasé por alto la acepción arreo, que al parecer, es la forma correcta en su segunda aparición en el DRAE. Esto es lo que encontramos:
arreo2.
(Del cat. arreu, y este de a-2 y el gót. *rēths, consejo, previsión, provisión).
1. adv. t. Sucesivamente, sin interrupción.
De aquí podríamos intuir que nace el arreón y los arreones, pero sinceramente dudo de la validez de este argumento para admitir semejante vocablo en nuestro idioma. Además, su significado es completamente opuesto porque (como ya dijimos) normalmente se dice que "un equipo ataca en arreones" cuando lo hace de forma irregular aunque con mucha fuerza, y aquí encontramos que arreo es un adverbio de tiempo que indica que algo se hace sucesivamente y sin interrupción. Que se acepte o no finalmente el término arreón es algo a lo que no puedo contestar ahora mismo. En mi caso, intentaré omitirlo.
El tiempo dirá.
"El arreón de Alemania está siendo muy fuerte"
"El equipo visitante intenta aguantar los arreones de su rival"
Encuentro el posible origen de este malentendido en el verbo arrear. He aquí lo que nos cuenta la RAE sobre dicho verbo:
arrear1.
(De arre).
1. tr. Estimular a las bestias para que echen a andar, o para que sigan caminando, o para que aviven el paso.
2. tr. Dar prisa, estimular. U. t. c. intr.
3. intr. Ir, caminar de prisa.
4. intr. Llevarse de manera violenta algo, o, a veces, hurtarlo o robarlo. Arrearon CON todo lo que había en su casa
5. intr. ant. Ejercer el oficio de arriero.
arrea.
1. interj. coloq. U. para meter prisa.
2. interj. coloq. atiza.
3. interj. coloq. U. para denotar vivamente pasmo o asombro.
arrear2.
(Del lat. vulg. *arredare, proveer, der. del gót. *rēths, consejo, previsión, provisión; cf. al. Rat, consejo, y a. al. ant. rat, provisión).
1. tr. Poner arreos, adornar, hermosear, engalanar.
arrear3.
(De arreo2).
1. tr. Dar seguidos tiros, golpes, etc.
2. tr. Pegar o dar un golpe o un tiro.
Hay varios significados que podemos aplicar fácilmente a lo que un locutor puede necesitar cuando quiere decir que un equipo está "atacando a arreones". En mi caso creo que incluso he llegado a utilizar dicha palabra pero esta noche me ha dado por investigar, más que nada porque me suena fatal y sinceramente no me ha sorprendido su ausencia en el diccionario.
Por tanto, parece que lo más correcto sería recurrir a palabras que sí que aparecen en nuestro diccionario y que reúne a todas las academias de la lengua española. Además de ser fonéticamente más bellas tienen una ventaja evidente. Son correctas:
embestida, oleada, arremetida, acometida, carga...
Un saludo.
ACTUALIZACIÓN
Repasando mis notas, he visto que pasé por alto la acepción arreo, que al parecer, es la forma correcta en su segunda aparición en el DRAE. Esto es lo que encontramos:
arreo2.
(Del cat. arreu, y este de a-2 y el gót. *rēths, consejo, previsión, provisión).
1. adv. t. Sucesivamente, sin interrupción.
De aquí podríamos intuir que nace el arreón y los arreones, pero sinceramente dudo de la validez de este argumento para admitir semejante vocablo en nuestro idioma. Además, su significado es completamente opuesto porque (como ya dijimos) normalmente se dice que "un equipo ataca en arreones" cuando lo hace de forma irregular aunque con mucha fuerza, y aquí encontramos que arreo es un adverbio de tiempo que indica que algo se hace sucesivamente y sin interrupción. Que se acepte o no finalmente el término arreón es algo a lo que no puedo contestar ahora mismo. En mi caso, intentaré omitirlo.
El tiempo dirá.
Etiquetas: Periodismo
martes 24 de junio de 2008
La última carta
Hace poco, cierta persona me pregunto que por qué no colgaba en mi bitácora los pocos relatos que tengo que tratan de amor. Me preguntó si me daba vergüenza o reparo tener aquí esas historias. Yo apelé a la casualidad o al hecho de que hasta el momento no se me había ocurrido colgar ninguno de ellos (hay relatos de amor en la bitácora, pero se trata de ellos de modo metafórico... y en realidad son más vivencias personales, que relatos en sí). Sobre ello he reflexionado en los últimos días, llegando a la conclusión de que estos relatos (al igual que esta bitácora) son un reflejo de lo que he pensado o sentido en algún momento de mi existencia. Y por ello, deben estar aquí también. Dicho lo cual... ahí va el primero que tiene ya casi cuatro años.
Amada Sophie.
Te escribo desde la más absoluta de las desesperanzas. Mi muerte se acerca y sólo me queda la certeza de saber que jamás volveré a verte. El enemigo nos ha rodeado en la ciudad y nuestro capitán nos ha dicho que es el fin. Teníamos dos opciones: entregarnos como cobardes y rezar para sobrevivir o luchar y morir por nuestra patria y nuestro honor. Hemos elegido la muerte.
El curso de la guerra ya no nos importa. Confiamos nuestro correo a uno de los guardianes de la plaza que me ha jurado por su vida que esta carta llegará a tus manos. Es un día frío y húmedo. No he visto el sol desde hace semanas. Calculamos que mañana tendremos que defender nuestra posición contra unas fuerzas cincuenta veces superiores a las nuestras. Apenas nos quedan alimentos, ya no tenemos agua y la munición empezó a escasear hace ya tiempo. Si decidieran no atacarnos, en unos días seríamos una pila de cadáveres.
Lo más doloroso de todo esto no es la espera de la muerte, es el recuerdo de tus ojos. Me asaltan a cada momento vivas imágenes de nuestros paseos y de nuestras conversaciones. El verano de 1938 fue, sin duda, el mejor de mi vida. ¿Recuerdas la montaña lisa y plana y el reflejo del sol cayendo sobre el lago? ¿Recuerdas lo que me dijiste aquel invierno en la cabaña cuándo se nos dijo que la guerra era ya inevitable? Nuestra vida se ha quedado a medias. Todo lo que íbamos a construir juntos se ha evaporado en la nada. Es un mal recuerdo, jamás ha sucedido y morirá cuando la bala del enemigo, el implacable acero de esta tierra hostil me atraviese y me ejecute. Desde el más profundo amor que siempre te he tenido no te pediré nada en especial. No quiero que me esperes pues sé que no volveré. Quiero que reconstruyas tu vida y que remontes el vuelo para tener una nueva ilusión. No puedo imaginarte sola y triste el resto de tus días. Quiero que el amor vuelva a tus ojos y que tengas muchos hijos, tal y como lo habíamos planeado.
Sé que es duro y sé que siendo un cobarde podría volver a tu lado. Nada deseo más en estos días que volver a abrazarte. Sería precioso que el tiempo y la distancia nos dieran una última oportunidad. Que, aunque fuera en la distancia, pudiera verte mientras lees esta carta. Me encantaría entrar en tus recuerdos y revivirlos cientos de veces en la eternidad. Desearía, con todas mis fuerzas, que de otra forma, sea cual sea, nuestro proyecto se hiciera realidad. Que tu y yo, juntos para siempre, tengamos la oportunidad de ser felices. Se me entrega, en cambio, esta posibilidad de dedicarte a ti mis últimos pensamientos. Espero que algún día puedas sentirlos tú también.
Se me hace tarde. El capitán me requiere para darnos a todos las instrucciones de la última defensa de este lugar. Las instrucciones de cómo hemos de morir con honor. Parece que el enemigo va a precipitar su ataque. Saben que somos pocos y débiles. Nosotros sabemos que vamos a morir. Destrozarán nuestros cuerpos ya vencidos por el desgaste de esta guerra, pero jamás (nunca jamás) podrán destruir nuestro honor, ni nuestras almas inmortales, y jamás (lo juro por dios) conseguirán que no me lleve al otro mundo mi amor eterno por ti. Desde el corazón del infierno te mando mi último soplo de vida, mi última muestra de amor.
Konrad Stöck (Stalingrado, 27 de enero de 1943)
- El correo cumplió su promesa y entregó la carta a Sophie el 16 de mayo de 1947. Ella todavía esperaba un milagro.
- Konrad Stöck murió al defender su posición acribillado por seis enemigos que le dispararon a bocajarro cuando ya se había quedado sin munición.
- Sophie Fiebig tardó cuatro años en conocer a otro hombre que la enamorara. Tuvo cinco hijos y murió a los sesenta años en un accidente de tráfico. Jamás olvidó su amor por Konrad y en cierto modo, siempre le esperó.
Murcia, 8 de septiembre de 2004
Amada Sophie.
Te escribo desde la más absoluta de las desesperanzas. Mi muerte se acerca y sólo me queda la certeza de saber que jamás volveré a verte. El enemigo nos ha rodeado en la ciudad y nuestro capitán nos ha dicho que es el fin. Teníamos dos opciones: entregarnos como cobardes y rezar para sobrevivir o luchar y morir por nuestra patria y nuestro honor. Hemos elegido la muerte.
El curso de la guerra ya no nos importa. Confiamos nuestro correo a uno de los guardianes de la plaza que me ha jurado por su vida que esta carta llegará a tus manos. Es un día frío y húmedo. No he visto el sol desde hace semanas. Calculamos que mañana tendremos que defender nuestra posición contra unas fuerzas cincuenta veces superiores a las nuestras. Apenas nos quedan alimentos, ya no tenemos agua y la munición empezó a escasear hace ya tiempo. Si decidieran no atacarnos, en unos días seríamos una pila de cadáveres.
Lo más doloroso de todo esto no es la espera de la muerte, es el recuerdo de tus ojos. Me asaltan a cada momento vivas imágenes de nuestros paseos y de nuestras conversaciones. El verano de 1938 fue, sin duda, el mejor de mi vida. ¿Recuerdas la montaña lisa y plana y el reflejo del sol cayendo sobre el lago? ¿Recuerdas lo que me dijiste aquel invierno en la cabaña cuándo se nos dijo que la guerra era ya inevitable? Nuestra vida se ha quedado a medias. Todo lo que íbamos a construir juntos se ha evaporado en la nada. Es un mal recuerdo, jamás ha sucedido y morirá cuando la bala del enemigo, el implacable acero de esta tierra hostil me atraviese y me ejecute. Desde el más profundo amor que siempre te he tenido no te pediré nada en especial. No quiero que me esperes pues sé que no volveré. Quiero que reconstruyas tu vida y que remontes el vuelo para tener una nueva ilusión. No puedo imaginarte sola y triste el resto de tus días. Quiero que el amor vuelva a tus ojos y que tengas muchos hijos, tal y como lo habíamos planeado.
Sé que es duro y sé que siendo un cobarde podría volver a tu lado. Nada deseo más en estos días que volver a abrazarte. Sería precioso que el tiempo y la distancia nos dieran una última oportunidad. Que, aunque fuera en la distancia, pudiera verte mientras lees esta carta. Me encantaría entrar en tus recuerdos y revivirlos cientos de veces en la eternidad. Desearía, con todas mis fuerzas, que de otra forma, sea cual sea, nuestro proyecto se hiciera realidad. Que tu y yo, juntos para siempre, tengamos la oportunidad de ser felices. Se me entrega, en cambio, esta posibilidad de dedicarte a ti mis últimos pensamientos. Espero que algún día puedas sentirlos tú también.
Se me hace tarde. El capitán me requiere para darnos a todos las instrucciones de la última defensa de este lugar. Las instrucciones de cómo hemos de morir con honor. Parece que el enemigo va a precipitar su ataque. Saben que somos pocos y débiles. Nosotros sabemos que vamos a morir. Destrozarán nuestros cuerpos ya vencidos por el desgaste de esta guerra, pero jamás (nunca jamás) podrán destruir nuestro honor, ni nuestras almas inmortales, y jamás (lo juro por dios) conseguirán que no me lleve al otro mundo mi amor eterno por ti. Desde el corazón del infierno te mando mi último soplo de vida, mi última muestra de amor.
Konrad Stöck (Stalingrado, 27 de enero de 1943)
- El correo cumplió su promesa y entregó la carta a Sophie el 16 de mayo de 1947. Ella todavía esperaba un milagro.
- Konrad Stöck murió al defender su posición acribillado por seis enemigos que le dispararon a bocajarro cuando ya se había quedado sin munición.
- Sophie Fiebig tardó cuatro años en conocer a otro hombre que la enamorara. Tuvo cinco hijos y murió a los sesenta años en un accidente de tráfico. Jamás olvidó su amor por Konrad y en cierto modo, siempre le esperó.
Murcia, 8 de septiembre de 2004
Etiquetas: Relatos
sábado 21 de junio de 2008
El bastión de Ivan Drago
Justo antes del partido entre Holanda y Rusia, como siempre, he subido el volumen del televisor para escuchar con toda potencia los himnos nacionales de las dos selecciones que competían. Los rusos, que en 2000 recuperaron la música del antiguo himno soviético, introduciendo cambios en la letra, me han recordado una vez más, uno de mis grandes momentos del cine. Corresponde a la película Rocky IV y es el momento anterior al combate que se disputa en Moscú entre Ivan Drago y el 'potro italiano' (es decir, Rocky Balboa).
Estaremos de acuerdo en todo lo que me digáis. Que la peli es una americanada nacida en los últimos coletazos de la 'Guerra Fría', que la peli es una fantasmada y que esta escena no es más que el reflejo de todo lo dicho anteriormente. Chorradas.
Ante esta escena, uno sólo puede subir el volumen de los altavoces y recrearse en las miradas que ruso y americano se lanzan el uno al otro. Sobre el ring no van a luchar Ivan Drago y Rocky Balboa. Sobre el ring van luchar la Unión Soviética y los Estados Unidos:
Qué grande es el cine.
PD. En este enlace tenéis la letra del himno, para los curiosos.
Estaremos de acuerdo en todo lo que me digáis. Que la peli es una americanada nacida en los últimos coletazos de la 'Guerra Fría', que la peli es una fantasmada y que esta escena no es más que el reflejo de todo lo dicho anteriormente. Chorradas.
Ante esta escena, uno sólo puede subir el volumen de los altavoces y recrearse en las miradas que ruso y americano se lanzan el uno al otro. Sobre el ring no van a luchar Ivan Drago y Rocky Balboa. Sobre el ring van luchar la Unión Soviética y los Estados Unidos:
Qué grande es el cine.
PD. En este enlace tenéis la letra del himno, para los curiosos.
viernes 20 de junio de 2008
La derrota

Por supuesto que, tras una derrota así, no quieres volver a jugar contra Rafa al día siguiente. Pero sé que sí quiero ganar el próximo año, él estará ahí.
Roger Federer
Todo el que me conoce sabe que soy seguidor de Roger Federer. En su tenis voy más allá de banderas y países y siempre he pensado que en los deportes individuales, aunque mis simpatías recaigan casi siempre sobre los españoles, hay veces en las que alguien consigue que me olvide de las nacionalidades y me centre simple y llanamente en el deporte.
Me ocurrió en su día con Kevin Schwantz, también con Michael Schumacher y ahora (desde hace años) con Roger Federer. En un artículo anterior ya expliqué los motivos del por qué considero a Federer el mejor tenista de la Historia, por lo que no volveré sobre mis pasos. Esta noche, el cuerpo me pide hablar de la humillante derrota que el suizo recibió contra Rafa Nadal en la final de Roland Garros 2008. Es sin duda el golpe más duro que el suizo ha recibido sobre la pista desde que es profesional. El hecho de caer una vez más en la final del único grande que le falta en su palmarés no es nada en comparación con la forma en que fue totalmente aplastado por el español.
Sinceramente, las sensaciones que tenía antes de la final eran buenas. Este año había visto a Federer muy cómodo sobre tierra batida y en la final de Hamburgo, aunque terminó perdiendo también, le vi ciertos detalles que me gustaron mucho. Durante todo el torneo en París vi a Nadal muy fuerte en todos sus partidos y a Federer sufriendo a veces más de la cuenta. En Roger es difícil comprobar cuándo está mal, porque aún estando mal tiene golpes prodigiosos, tiene detalles de maestro y estando mal, puede ganar casi a cualquiera.
Pero llegó la final... y llegó Nadal. Con Nadal, la historia cambia. Si estás mal, Nadal te pasa por encima y si encima Nadal está en el mejor momento de su vida, entonces te humilla. Y eso fue lo que ocurrió. Federer tiró de todo su repertorio al comienzo del encuentro pero pronto recordó que con Nadal se necesita algo más que un golpe ganador para ganarle cada punto. A Nadal, sobre tierra batida, hay que ganarle tres o cuatro veces el mismo punto para al final llevártelo. Eso requiere que tu tenis sea casi perfecto para ir minándole, pero el tenis de Federer sin ser malo, estuvo muy lejos de la perfección.
Un golpe ganador, te lo devuelven, otro golpe ganador, te atacan, otro golpe ganador... la mandas a la red. Mucha gente me dice... "Es que Federer estuvo de pena. Falló un montón". En parte es verdad, pero en parte hay que darle mérito a Nadal. Él es el que con su tenis consigue que el rival se desespere y termine cometiendo errores que en otras circunstancias nunca cometería. Nadal te obliga a jugar al límite, Federer lo hizo y le salió mal.
No llego a hacerme una idea de lo que pasa por la mente del suizo. En su palmarés a día de hoy contemplamos 5 Wimbledon, 4 US Open y 3 Australia Open (si hablamos sólo de Grand Slam) y una serie de marcas que no hace falta enumerar. Pero le sigue faltando Roland Garros. Una ley tácita dice que no puedes ser el mejor de la historia si no has ganado los cuatro grandes. De nada sirve tu técnica deslumbrante, ni tus años como número uno, ni la dictadura que hayas podido imponer en otras superficies. Sin Roland Garros, falta algo y Federer lo sabe.
Por eso, más que la derrota en sí, el verdadero golpe llegó en la forma y en la sensación que nos queda a todos de que mientras Nadal esté a un nivel óptimo, no habrá nadie que le gane en París y el reloj en esta ocasión corre en contra del suizo (paradojas de la vida) ya que es cinco años mayor que Nadal.
Los que vemos en su tenis detalles que no habíamos visto jamás, los que le consideramos el mejor tenista de la Historia, pensamos que algún año llegará a la final en un momento perfecto y que entonces podrá hacerse con la Copa de los Mosqueteros. Pasará o no pasará, pero la clase de Federer quedará siempre ahí... indiscutible.
Y precisamente así quiero terminar. Hablando de la clase de este jugador. Ante la presión de ser el número 1 durante cuatro años y ante la dureza de caer como cayó en la final ante Nadal, no se le vio ni un mal gesto, ni el atisbo de un mal perdedor. Como en toda su carrera, Federer reconoció al campeón y se rindió ante él. El número 1 demostró al mundo que también es el mejor en la derrota.
Todavía es pronto para hablar de la huella que Federer dejará en el tenis mundial. El día que decida retirarse, cogeremos sus números y hablaremos de ellos. Y aún así, con toda la colección de títulos y de semanas como primero de la ATP frente a nuestras narices, nunca estaremos siquiera a unos kilómetros de lo que es Roger Federer. El suizo está en sus movimientos y en sus golpes, en su clase y en su estilo... Federer, más allá de todo su palmarés, está en su tenis y por eso, aún en la derrota más severa de su vida, creo que es necesario recordarlo. Federer es el más grande.
Etiquetas: Deportes
lunes 16 de junio de 2008
La encrucijada
encrucijada.
(De en- y el ant. crucijada).
1. f. Lugar en donde se cruzan dos o más calles o caminos.
2. f. Ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza.
3. f. Situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir.
En el camino a través de la penumbra he encontrado numerosas dificultades, muchas dudas y alguna que otra trampa, pero desde hace varios meses me dije que los tropiezos no iban a detener mi paso firme y decidido. Sólo es cuestión de levantarse y seguir caminando. Tropiezo, caída, me levanto y sigo caminando.
Hace varias noches decidí salir del camino que iban siguiendo mis pies y tomé la decisión de tomar el rumbo del viento. Allá hacia donde soplara Eolo, yo dirigiría mis pasos. Me sorprendí cuando al cabo de varias horas de tomar esta decisión vislumbré un destello en el horizonte. Al principio era una luz tenue, apagada e intermitente. Para mi sorpresa, el viento siempre dirigía su fuerza hacia ese brillo, como si el Destino hubiera decidido de antemano que yo iba a tomar la decisión de seguir al viento y que el viento tendría que soplar hacia esa luz misteriosa.
Dos jornadas completas de viaje me costó alcanzar el origen de aquellos destellos. Conforme me acercaba, me daba cuenta que su luz tenía varios matices... un poquito de verde, algún reflejo azulado, un amarillo brillante... A pocos metros de mi objetivo comprobé que la luz se situaba encima de un poste del que partían dos caminos para seguir. Justo en el momento en el que alcé la vista hacia la luz, su brillo desapareció y el viento se apagó levemente hasta desaparecer. Me encontraba ante el nacimiento de dos caminos y de nada me ayudaban las indicaciones del poste pues aparecían en un idioma que desconozco.
Por primera vez en varios meses he tomado la decisión de detenerme y descansar. Elegiré un rumbo... pero no sé cuándo lo haré.
Murcia, lunes 16 de junio de 2008.
(De en- y el ant. crucijada).
1. f. Lugar en donde se cruzan dos o más calles o caminos.
2. f. Ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza.
3. f. Situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir.
En el camino a través de la penumbra he encontrado numerosas dificultades, muchas dudas y alguna que otra trampa, pero desde hace varios meses me dije que los tropiezos no iban a detener mi paso firme y decidido. Sólo es cuestión de levantarse y seguir caminando. Tropiezo, caída, me levanto y sigo caminando.
Hace varias noches decidí salir del camino que iban siguiendo mis pies y tomé la decisión de tomar el rumbo del viento. Allá hacia donde soplara Eolo, yo dirigiría mis pasos. Me sorprendí cuando al cabo de varias horas de tomar esta decisión vislumbré un destello en el horizonte. Al principio era una luz tenue, apagada e intermitente. Para mi sorpresa, el viento siempre dirigía su fuerza hacia ese brillo, como si el Destino hubiera decidido de antemano que yo iba a tomar la decisión de seguir al viento y que el viento tendría que soplar hacia esa luz misteriosa.
Dos jornadas completas de viaje me costó alcanzar el origen de aquellos destellos. Conforme me acercaba, me daba cuenta que su luz tenía varios matices... un poquito de verde, algún reflejo azulado, un amarillo brillante... A pocos metros de mi objetivo comprobé que la luz se situaba encima de un poste del que partían dos caminos para seguir. Justo en el momento en el que alcé la vista hacia la luz, su brillo desapareció y el viento se apagó levemente hasta desaparecer. Me encontraba ante el nacimiento de dos caminos y de nada me ayudaban las indicaciones del poste pues aparecían en un idioma que desconozco.
Por primera vez en varios meses he tomado la decisión de detenerme y descansar. Elegiré un rumbo... pero no sé cuándo lo haré.
Murcia, lunes 16 de junio de 2008.
miércoles 11 de junio de 2008
La estación
Rescato nuevamente un texto de hace tiempo. Éste lo escribí hace algo más de año y medio, en un momento muy concreto de mi existencia... y en él reflejaba mi estado de ánimo... Ahora, me apetece compartirlo con todos.
La espera es infinita. Siempre he tenido dudas sobre el futuro pero en estos últimos meses se multiplican, crecen y, a veces, me angustian. Hace tiempo que la puerta no se abre y no puedo cruzarla. Lo peor es la angustia del cambio que no llega.
La estación está vacía. No hay trenes. Hace tiempo pasó uno de largo. Sin siquiera detenerse prosiguió su camino. Ahora, tendido en la vía espero el sonido más leve, espero una vibración mínima que me haga soñar. La última novedad fue el paso de un carretero que llevaba maíz al pueblo. Me aseguró que estaba al llegar un tren hacia mis sueños pero de aquello hace ya demasiado tiempo.
Entre horas cuento las baldosas e invento historias entre ellas. Imagino que las baldosas amarillas están peleadas con las rojas y que sólo se llevan bien con las azules. Las rojas admiran a las azules y se llevan muy bien con las verdes que a su vez tienen una relación amistosa con las amarillas. Caen las horas y el tren no aparece en el horizonte.
A veces he pensado en la posibilidad de darme una vuelta por el pueblo pero siempre la descarto. Algo me dice que si me alejo un poco aparecerá el tren, se irá y ya nunca jamás volverá. Me siento, miro a las baldosas y empiezo a contar. Uno, dos, tres, cuatro…
Murcia, 4 de septiembre de 2006
La espera es infinita. Siempre he tenido dudas sobre el futuro pero en estos últimos meses se multiplican, crecen y, a veces, me angustian. Hace tiempo que la puerta no se abre y no puedo cruzarla. Lo peor es la angustia del cambio que no llega.
La estación está vacía. No hay trenes. Hace tiempo pasó uno de largo. Sin siquiera detenerse prosiguió su camino. Ahora, tendido en la vía espero el sonido más leve, espero una vibración mínima que me haga soñar. La última novedad fue el paso de un carretero que llevaba maíz al pueblo. Me aseguró que estaba al llegar un tren hacia mis sueños pero de aquello hace ya demasiado tiempo.
Entre horas cuento las baldosas e invento historias entre ellas. Imagino que las baldosas amarillas están peleadas con las rojas y que sólo se llevan bien con las azules. Las rojas admiran a las azules y se llevan muy bien con las verdes que a su vez tienen una relación amistosa con las amarillas. Caen las horas y el tren no aparece en el horizonte.
A veces he pensado en la posibilidad de darme una vuelta por el pueblo pero siempre la descarto. Algo me dice que si me alejo un poco aparecerá el tren, se irá y ya nunca jamás volverá. Me siento, miro a las baldosas y empiezo a contar. Uno, dos, tres, cuatro…
Murcia, 4 de septiembre de 2006
Etiquetas: Relatos
martes 10 de junio de 2008
El incidente... Vete al cine
Bueno señores, si la película es mínimamente parecida al trailer, estamos ante uno de los estrenos del año. El viernes llega a los cines y sé de uno que no se la va a perder:
Saludos.
ACTUALIZACIÓN
Ya he visto la peli. Es más floja de lo que esperaba, pero (como dice el gran Felipe) tiene momentos que ya forman parte de la historia del cine. En mi escala personal le doy un 7 sobre 10.
Saludos, otra vez.
Saludos.
ACTUALIZACIÓN
Ya he visto la peli. Es más floja de lo que esperaba, pero (como dice el gran Felipe) tiene momentos que ya forman parte de la historia del cine. En mi escala personal le doy un 7 sobre 10.
Saludos, otra vez.
Etiquetas: Mi mundo
viernes 6 de junio de 2008
In memoriam... 'El perro azul'
Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza
Paul Géraldy (1885-1983) Poeta y dramaturgo francés
Nunca fui un asiduo de 'El perro azul', local histórico y con solera de la capital murciana, pero al pasar esta tarde cerca de lo que fue este bar he sentido un cosquilleo un tanto extraño, una sensación de vacío, el sentimiento de que algo nuestro se ha perdido para siempre. Tras la valla se escuchaban ruidos de trabajadores y el edificio en sí ya se veía que estaba nuevo. Otro paso más del progreso que, a veces, nos deja pequeños rincones sagrados simplemente como polvo de nuestra memoria. 'El perro azul' ya no existe... ¿o sí?

Foto: En la valla que tapa las obras (donde una vez estuvo el local) alguien ha pintado el símbolo de aquel bar y su nombre 'El perro azul'. ¿Vandalismo o nostalgia?... Nostalgia.
La foto es del 6 de junio de 2008
Paul Géraldy (1885-1983) Poeta y dramaturgo francés
Nunca fui un asiduo de 'El perro azul', local histórico y con solera de la capital murciana, pero al pasar esta tarde cerca de lo que fue este bar he sentido un cosquilleo un tanto extraño, una sensación de vacío, el sentimiento de que algo nuestro se ha perdido para siempre. Tras la valla se escuchaban ruidos de trabajadores y el edificio en sí ya se veía que estaba nuevo. Otro paso más del progreso que, a veces, nos deja pequeños rincones sagrados simplemente como polvo de nuestra memoria. 'El perro azul' ya no existe... ¿o sí?

Foto: En la valla que tapa las obras (donde una vez estuvo el local) alguien ha pintado el símbolo de aquel bar y su nombre 'El perro azul'. ¿Vandalismo o nostalgia?... Nostalgia.
La foto es del 6 de junio de 2008
Etiquetas: Fotos
jueves 5 de junio de 2008
Tres semanas después...

No hay mal que cien años dure
Dicho popular
El deporte no forja el carácter, lo pone de manifiesto
Heywood Hale Broun (1918-2001) Periodista, actor y escritor estadounidense
Hace tres semanas me lesioné jugando un partido de fútbol. En uno de esos muchos lances en los que intento arrebatar el balón al contrario con cierta contundencia, me encontré con un recorte electrizante... Yo llegaba con mucha velocidad así que apoyé todo el peso de mi cuerpo... junto con la energía que desplazaba mi movimiento sobre el talón derecho. En ese preciso instante noté un dolor intenso y agudo que recorría toda la planta del pie hasta llegar a los tobillos.
Sabía que no era un esguince, porque no había torcedura y nada había crujido, nada había hecho crack... al principio pensé "sólo es un golpe"... Intenté seguir, pero a los pocos segundos vi que me costaba apoyar. Al ver que el dolor iba a más, paré y decidí retirarme.
En el vestuario comprobé que la zona ya estaba inflamada. Durante una semana anduve sin apoyar el talón derecho, lo que ha terminado afectando también a la zona. Hielo, cremas, masajes.... todos los cuidados eran pocos pero la lesión se recuperaba lentamente... la visión de mis zapatillas de correr, solas, tiradas, sin vida... me impacientaba. A las dos semanas intenté hacer el esfuerzo. Me calcé las zapatillas y salí a correr... Tuve que parar a los pocos mentros y volver a casa... no podía correr.
El pasado lunes hice una segunda prueba en un partido de fútbol. Me hice mucho daño y apenas pude apoyar el talón... pero ya estaba mejor y lo notaba. Esta tarde conforme llegaba a casa en el coche, iba pensando... es un buen día para salir a correr suave... sin forzar...
Y así ha sido. Al principio, para que lo voy a negar, he pensado en parar porque la zona se resentía y no podía apoyar pero he decidido seguir y con el calor y el ejercicio han ido cayendo los metros... uno a uno... Como siempre, momentos para pensar en mis cosas... en el trabajo, en mi casa, en los amigos, en la selección española, en lo que pondrán en la tele, en si me estoy ganando una buena cena, en todo un poco...
Mis pensamientos han durado menos de lo habitual cuando salgo a correr. Mis cinco o seis vueltas habituales a mi circuito se han convertido en tres. Estaba asfixiado, estoy fuera de forma... pero la forma sólo se coje corriendo, así que la semana que viene, otra vez.
Al menos, tres semanas después he vuelto a correr, a sentir esa libertad que da dedicarse durante unos minutos a ganar metros, a sudar y quedarte tu solo y alejado del mundo. Tres semanas después, ya estoy casi recuperado.
PD. Ahí están mis zapatillas, esta tarde después de salir a correr...
Etiquetas: Mi mundo
miércoles 4 de junio de 2008
Uno de esos momentos...
Hay momentos en los que la música cobra un sentido especial. Nos ponemos a escuchar y, de pronto, sucede algo... algo especial que convierte a una canción a un instante en inolvidable. Me ocurrió con esta interpretación de 'Summer wine' en una versión que conozco gracias a una de esas grabaciones que el gran Quiquín tiene a bien hacerme de vez en cuando. Uno va conduciendo, escuchando canciones y de pronto se encuentra con algo mágico, genuino...
Simplemente suban el volumen de los altavoces y disfruten:
The Corrs y Bono... gran unión.
Y para los que quieran cantarla... en este enlace está la letra.
Saludos.
Simplemente suban el volumen de los altavoces y disfruten:
The Corrs y Bono... gran unión.
Y para los que quieran cantarla... en este enlace está la letra.
Saludos.
Etiquetas: Mi mundo
domingo 1 de junio de 2008
El condenado
En una conversación mantenida con el gran Felipe, le adelanté mi intención de recobrar textos de hace años para 'obligarme' a darles forma y a continuar sendas que por algún motivo dejé a medio trazar. Una de ellas es este relato que, si bien estaba acabado, no es más que el comienzo de una serie a través de varios personajes históricos. Ahí va el primero y, de momento, el único.
Pronto me consumiré. No merezco juicios. Tampoco quiero piedad. El paso de los siglos no borrará mi nombre. Estará siempre ahí. Flotará en el aire. Lo pronunciarán las gentes y cuando suene, aquellos que lo escuchen sólo pensarán una palabra. No hace falta que la mencione.
Desde hace años no he logrado escapar de mi propia historia. Mis hijos y los hijos de mis hijos tratarán de borrar mi existencia y ocultarán la sangre que corre por sus venas. Aquellos que sean descubiertos serán rechazados por los demás. A ellos se les mirará con desconfianza. Pertenecen a mi estirpe. No merecen ningún tipo de confianza porque en ellos estaré yo.
Hace ya tiempo que asumí mi destino y ahora me pregunto si realmente tuve la ocasión de esquivarlo. Nací para ser quien soy y mi rol en la Historia me ha tachado como un condenado. ¿Hasta qué punto pude haber sorteado dicha fatalidad? Si Dios ha puesto la mesa y nosotros jugamos nuestras cartas reconozco que soy yo el que debe asumir la culpa pero si Dios me ha dado unas cartas que sólo se pueden jugar de una forma, mi destino debe afrontarlo Él. Cada consecuencia de mis actos ha venido determinada por acciones anteriores, por situaciones que se me han planteado y todo ello me ha llevado a ocupar el lugar maldito que ostento hasta ahora. La vejación pública que sufro en esta recta final de mis días y el sonoro desprecio con el que se pronunciará mi nombre. Quizá no he asumido mi destino.
En mis sueños vuelvo a los días malditos, aquellos en los que empecé a ser quien soy. En ellos, no cometo los errores y veo aplausos y vítores. Veo caras felices. El sueño siempre termina igual. Cuando sostengo a mi hijo en brazos, todo cambia. El blanco se vuelve negro. El mundo gira y me encuentro rodeado de miradas. Desde los confines más remotos de la Tierra suena mi nombre. Me persigue hasta que caigo al abismo. En ese instante, me despierto.
Cuentan algunas leyendas, sobre todo las cristianas, que el perdón de Dios nace del arrepentimiento verdadero. Mi refugio en la Fe, que no ha sido del todo convincente para mi alma, me ha descubierto que el juicio de los hombres, cuyo veredicto ya conozco, carece de importancia. Es el juicio de Dios el que debe importarme y si de verdad veo el mal en mis actos, Él sabrá perdonarme y lo que digan de mí los años y los siglos no debe preocuparme. Mi duda, más que razonable, me hace pensar que no seré perdonado por Dios. De mi deseo de borrar aquello, que nace del miedo, no está el arrepentimiento. Dios lo sabe y yo lo sé. Soy un condenado. Merezco serlo.
En el final de los días, yo estaré entre las sombras. Seré torturado para siempre aunque todavía desconozco mi castigo. Mi única esperanza es el vacío absoluto. Es lo único que me dará la paz eterna. Matar a Dios es la única salida a este tormento y deseo de corazón ejecutarlo. Los hombres que están por llegar mancillarán mi nombre, me recordarán con asco pero mi ausencia, mi tránsito a la oscuridad absoluta, a la nada, obrará el milagro. Si no hay eternidad a la que enfrentarse, antes de lo esperado mi nombre se habrá olvidado. Este paso tenue por la Historia no tendrá reflejo en el futuro. Sólo durante muchos siglos mi recuerdo permanecerá pero no habrá eternidad a la que enfrentarse. Los ríos dejarán de llevar agua, las montañas desaparecerán y el cielo se volverá negro. Mi nombre se borrará.
Si Dios está muerto y no hay juicio al que enfrentarse más que al de los hombres, debo contar mis últimos días con tranquilidad. Aunque me desprecie a mí mismo, aunque mi propia sangre desprecie al innombrable, quiero mirar por última vez al cielo y pensar que dentro de mi propia vergüenza figura la inmortalidad a la que me enfrento a los ojos de mis semejantes. Los insultos, las historias, los libros y las conversaciones me harán volver de la oscuridad. Mientras todos los demás se pudren y el tiempo los elimina, yo estaré aquí. Para bien o para mal. Este pensamiento, curiosamente, a veces me atormenta y a veces me alegra. Lo veo y lo digo: soy inmortal.
Trazo estas últimas líneas, ante la cercanía de lo inevitable. Con ellas no cambia nada. Soy el que fui, soy todos esos comentarios que se propagan en voz alta por las calles, soy el hijo de Satán, soy Judas en vida, soy el innombrable, soy la pesadilla de aquellos pequeños, soy el lobo que se adentra en los pastos, soy… Benedict Arnold.
Murcia, 14 de octubre de 2004.
Pronto me consumiré. No merezco juicios. Tampoco quiero piedad. El paso de los siglos no borrará mi nombre. Estará siempre ahí. Flotará en el aire. Lo pronunciarán las gentes y cuando suene, aquellos que lo escuchen sólo pensarán una palabra. No hace falta que la mencione.
Desde hace años no he logrado escapar de mi propia historia. Mis hijos y los hijos de mis hijos tratarán de borrar mi existencia y ocultarán la sangre que corre por sus venas. Aquellos que sean descubiertos serán rechazados por los demás. A ellos se les mirará con desconfianza. Pertenecen a mi estirpe. No merecen ningún tipo de confianza porque en ellos estaré yo.
Hace ya tiempo que asumí mi destino y ahora me pregunto si realmente tuve la ocasión de esquivarlo. Nací para ser quien soy y mi rol en la Historia me ha tachado como un condenado. ¿Hasta qué punto pude haber sorteado dicha fatalidad? Si Dios ha puesto la mesa y nosotros jugamos nuestras cartas reconozco que soy yo el que debe asumir la culpa pero si Dios me ha dado unas cartas que sólo se pueden jugar de una forma, mi destino debe afrontarlo Él. Cada consecuencia de mis actos ha venido determinada por acciones anteriores, por situaciones que se me han planteado y todo ello me ha llevado a ocupar el lugar maldito que ostento hasta ahora. La vejación pública que sufro en esta recta final de mis días y el sonoro desprecio con el que se pronunciará mi nombre. Quizá no he asumido mi destino.
En mis sueños vuelvo a los días malditos, aquellos en los que empecé a ser quien soy. En ellos, no cometo los errores y veo aplausos y vítores. Veo caras felices. El sueño siempre termina igual. Cuando sostengo a mi hijo en brazos, todo cambia. El blanco se vuelve negro. El mundo gira y me encuentro rodeado de miradas. Desde los confines más remotos de la Tierra suena mi nombre. Me persigue hasta que caigo al abismo. En ese instante, me despierto.
Cuentan algunas leyendas, sobre todo las cristianas, que el perdón de Dios nace del arrepentimiento verdadero. Mi refugio en la Fe, que no ha sido del todo convincente para mi alma, me ha descubierto que el juicio de los hombres, cuyo veredicto ya conozco, carece de importancia. Es el juicio de Dios el que debe importarme y si de verdad veo el mal en mis actos, Él sabrá perdonarme y lo que digan de mí los años y los siglos no debe preocuparme. Mi duda, más que razonable, me hace pensar que no seré perdonado por Dios. De mi deseo de borrar aquello, que nace del miedo, no está el arrepentimiento. Dios lo sabe y yo lo sé. Soy un condenado. Merezco serlo.
En el final de los días, yo estaré entre las sombras. Seré torturado para siempre aunque todavía desconozco mi castigo. Mi única esperanza es el vacío absoluto. Es lo único que me dará la paz eterna. Matar a Dios es la única salida a este tormento y deseo de corazón ejecutarlo. Los hombres que están por llegar mancillarán mi nombre, me recordarán con asco pero mi ausencia, mi tránsito a la oscuridad absoluta, a la nada, obrará el milagro. Si no hay eternidad a la que enfrentarse, antes de lo esperado mi nombre se habrá olvidado. Este paso tenue por la Historia no tendrá reflejo en el futuro. Sólo durante muchos siglos mi recuerdo permanecerá pero no habrá eternidad a la que enfrentarse. Los ríos dejarán de llevar agua, las montañas desaparecerán y el cielo se volverá negro. Mi nombre se borrará.
Si Dios está muerto y no hay juicio al que enfrentarse más que al de los hombres, debo contar mis últimos días con tranquilidad. Aunque me desprecie a mí mismo, aunque mi propia sangre desprecie al innombrable, quiero mirar por última vez al cielo y pensar que dentro de mi propia vergüenza figura la inmortalidad a la que me enfrento a los ojos de mis semejantes. Los insultos, las historias, los libros y las conversaciones me harán volver de la oscuridad. Mientras todos los demás se pudren y el tiempo los elimina, yo estaré aquí. Para bien o para mal. Este pensamiento, curiosamente, a veces me atormenta y a veces me alegra. Lo veo y lo digo: soy inmortal.
Trazo estas últimas líneas, ante la cercanía de lo inevitable. Con ellas no cambia nada. Soy el que fui, soy todos esos comentarios que se propagan en voz alta por las calles, soy el hijo de Satán, soy Judas en vida, soy el innombrable, soy la pesadilla de aquellos pequeños, soy el lobo que se adentra en los pastos, soy… Benedict Arnold.
Murcia, 14 de octubre de 2004.
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